Así se logran los ascensos

Fuente de noticia: www.elcomerciodigital.com
Fecha: 04 / 05 / 2008
Los rojiblancos dan la vuelta a un partido en el que Mateu mostró una roja injusta a Míchel y dio un gol ilegal a los granadinos
Fue increíble, sensacional... La victoria de ayer del Sporting sabe a
Primera. Épica. Ganó el Sporting en El Molinón, para delirio de los
suyos, ante un buen rival y un mal árbitro. El Granada 74 complicó las
cosas a los rojiblancos, que no ofrecieron una buena imagen, y tuvieron
que superar la inferioridad numérica por la expulsión de Míchel y el
gol en contra de Javi Guerra. El mes andaluz acabó bien, con tres
triunfos de los cuatro encuentros. A la derrota de Málaga siguieron los
triunfos sobre el Sevilla Atlético, el Cádiz y el Granada 74. La de
ayer fue la más meritoria, la más trabajada y casi la más inesperada,
según como fue transcurriendo el partido.
El Sporting afrontó el encuentro con un ambiente de gala, ruidoso y
la mejor entrada. Los rojiblancos salieron con los previstos. El
Granada 74 varió el dispositivo. Marcos Alonso sacó un 4-4-2, en el que
Javi Guerra estaba algo retrasado y metió a Falcón en la banda derecha,
con caídas del delantero dentro a su zona. En el centro del campo,
Alberto era más defensivo, por detrás de un batallador Gibanel.
El Sporting salió con más presión y también con prisas. El equipo
de Preciado tenía demasiado ímpetu y empezaba a perder el control del
balón, después de los primeros acosos a la zona de Jaime, aunque sin
ocasiones claras ante la portería visitante.
Capear el temporal
El Granada 74 estaba bien plantado en el campo y supo capear
el temporal inicial, para comerle luego terreno al Sporting, sobre todo
por la banda de Luque. Roberto fue providencial en la seguridad de la
portería. Ante la falta de posibilidades de llegada, los gijoneses
también lo intentaron desde fuera del área, con tiros de Míchel y de
Kike Mateo, pero sin consecuencias.
El árbitro dejaba jugar bastante, pero el partido empezó a entrar
en una fase bronca. La primera falta de los gijoneses se produjo en el
minuto 25. Míchel estuvo en medio de una de esas acciones polémicas,
con protestas de los visitantes, más expertos. A la siguiente entrada
del lenense, punible de amonestación, Mateu se pasa con la roja.
Preciado recompuso las líneas con Mateo algo más retrasado. También
Sastre y Pedro apoyaban algo la zona central. El Granada 74 se veía más
cómodo y buscaba la espalda de los defensas rojiblancos, pero los dos
centrales eran poco menos que infranqueables. Los visitantes cargaban
más el juego por la izquierda, en busca de Luque.
El segundo tiempo se complicó más todavía. A los cuatro minutos,
una internada de Luque, en la que apenas tenía opciones de llegar al
balón y superar a Sastre, acabó con un centro después de que el balón
traspasara la línea de fondo. Javi Guerra aprovechó la descolocación de
la defensa para rematar con un disparo seco que superó a Roberto. El
gol cayó como un jarro de agua fría, pero El Molinón no se vino abajo.
Preciado hizo cambios. Metió a Barral por Pedro y alternó la banda
derecha con Bilic y Kike Mateo, para buscar más profundidad.
El juego no era vistoso. Además, los granadinos usaban las armas de
la veteranía para frenar el partido y perder tiempo en los límites
reglamentarios. Hubo momentos en los que la superioridad numérica se
notaba en exceso. El Sporting, muy revolucionado, sacaba fuerzas para
contrarrestar a un rival con buen toque.
La presencia de Barral revolucionó la defensa granadina, con un
extraordinario trabajo de Bilic. El Sporting buscaba el empate con
mucho corazón. Era un equipo de raza, enrabietado. Sabía que ganaba la
Real y el puesto de ascenso podía cederse a los donostiarras.
Llegó el empate en el momento justo. Jorge desvió un balón en el
área visitante y Kike Mateo se anticipó para clavar el balón en el
fondo de la portería granadina.
El encuentro entró entonces en una fase tensa y muy intensa. El
Granada 74 quería alejar el balón de su portería con ataques a la zona
gijonesa. El conjunto andaluz empezó a acusar el peso del partido y
tenía algunas complicaciones con la presión gijonesa y, sobre todo, con
el peso ambiental de El Molinón. En el tiempo añadido llegó el delirio
en las gradas rojiblancas. Omar centra y Bilic gana la acción de
cabeza. El balón acaba en el fondo de las mallas granadinas. Fiesta,
algarabía, desmadre y todo lo que quieran. Es un gol que puede valer un
ascenso.