Fuente de noticia: www.lne.es
Fecha: 09 / 06 / 2008
Tras la derrota dramática en Castalia ante 3.000 rojiblancos, al Sporting le sirve un empate ante el Éibar en El Molinón para consumar el ascenso a Primera diez años después
En una tarde lluviosa y
norteña el Sporting no fue capaz de cerrar en Castellón una década de
sufrimiento. Nadie dijo que iba a ser fácil. Habrá que esperar una
semana más para saldar dos deudas históricas. La primera, con la
afición, que no tiene nada que celebrar desde aquella desesperada
promoción ante el Lleida. La segunda será con el Éibar, quien ya se
cruzó una vez en el camino del Sporting. A los rojiblancos les basta
con un empate ante el conjunto armero en El Molinón para certificar su
regreso a la élite del fútbol español y sellar un desquite histórico
con los guipuzcoanos.
En las gradas de Castalia y en los chigres de Gijón el sportinguismo en
pleno y su nuevo símbolo, «Calzadito», en particular, vivieron una
montaña rusa de emociones. Al final, no se tenía muy claro si había que
estar feliz por la victoria del Alavés con los goles de los asturianos
Adrián y Jairo o llorosos por la oportunidad desaprovechada ante un
triste Castellón que ganó casi sin querer.
Lo cierto es que el Sporting, que ayer fue un manojo de nervios, no
supo defender un empate que le hubiera bastado para convertirse en
equipo de Primera. De hecho, durante poco más de veinte minutos, los de
Preciado se quedaban fuera de los puestos de ascenso y perdían la
ventaja que supone depender de sí mismos. El gol de Jairo en
Mendizorroza fue celebrado con toda la rabia contenida durante más de
diez años. Cuando aquellos que escuchaban la radio vitorearon un nuevo
gol del Alavés hasta al más frío de los sportinguistas se le
humedecieron los ojos.
La fiesta se aplazó, pero ayer se vivió un adelanto sobre el césped de
Mendizorroza. El plato fuerte será en casa, ante una afición entregada
que pondrá a prueba los cimientos del campo más antiguo de España. Ese
día, como ayer, bastará con empatar, siempre que la Real Sociedad sea
capaz de ganar a un Córdoba que se juega la vida. El más leve tropiezo
donostiarra catapultará al Sporting a Primera División.
Ayer falló el equipo, como no había fallado durante más de cuatro
meses. No quedó ni rastro de aquel equipo que supo fajarse en Cádiz o
en Vitoria, no hubo remontada épica en los minutos finales, ni siquiera
aparecieron los contragolpes eléctricos que han sido la gran seña de
identidad del Sporting durante los últimos dos años.
El Sporting jugó mal y perdió. El Castellón, extremadamente relajado
hasta el descanso y ultramotivado tras la reanudación, jugó poco y
ganó. La presión por alcanzar un éxito que ya se tocaba con la punta de
los dedos atenazó al Sporting, que ayer volvió a ser el equipo inmaduro
de otros tiempos. Futbolistas llamados a tener un peso específico en el
equipo no aparecieron en toda la tarde y a los «guajes» de Mareo les
pesó demasiado la historia del club y de los últimos años.
La victoria in extremis del Alavés salva la jornada para un Sporting
que se vio perdido, pero también escuece. Una vez que se enfría el
calentón inicial la mente empieza a funcionar y se descubre que un
simple empate en Castalia hubiera hecho del Sporting un equipo de
Primera de pleno derecho. La otra lectura es que equipos más curtidos
como el Málaga o la Real también sufren.
En la primera parte
apenas hubo fútbol. Sporting y Castellón deambularon por el campo en un
partido sin tensión. En especial, en el lado local. Los rojiblancos
atacaron a tirones, pero sin demasiado criterio. La mejor ocasión la
tuvo Bilic, cuando apostó por el camino más corto para sacar una falta
lateral con un disparo seco y a media altura que Carlos Sánchez desvió
a córner. El portero del Castellón se mostró ayer intratable y lastró
al Sporting con tres intervenciones de gran mérito.
El panorama cambió notablemente en el segundo acto. El Castellón
pareció otro equipo. Los locales rompieron a correr y apretaron a un
Sporting que tardó en asimilar el nuevo escenario del encuentro. Una
vez asentado, el equipo gijonés se vino arriba. Fueron sus mejores
momentos y hasta pisaron con cierto garbo el área local. En apenas un
minuto llegaron las dos ocasiones más claras del Sporting. Primero
Diego Castro no atinó a resolver un mano a mano con Carlos Sánchez.
Tras el saque de banda correspondiente el portero se estiró para sacar
una mano inverosímil ante el cabezazo a bocajarro de Mate Bilic.
Tras los zarpazos volvió la calma. Hasta que en una jugada
tonta el Alavés fue ganando metros. Perico metió un balón al área y
Nákor, completamente solo, remató picado para batir a Roberto. Y la
fiesta se aguó. Lo que iba a ser un frenesí se convirtió en un funeral.
La única respuesta del Sporting al gol local fue un testarazo que se le
marchó fuera a Barral a la salida de un córner. Lo demás no valió nada.
Ataques desesperados, precipitación, nervios, muchos nervios...
Todo iba mal y fue a peor. La Real se puso por delante en
Mendizorroza y al sportinguismo se le puso cara de «pupas». El equipo
era incapaz de lanzar un mensaje de esperanza desde el campo y en la
grada se fiaba todo a las noticias que tampoco llegaban desde otros
campos. Y para colmo, Perico aprovechó una indecisión de los dos
centrales del Sporting y se fue como un exhalación hacia Roberto.
Gerard acertó a derribarle un metro antes de entrar en el área. El
Sporting se quedó con diez, para mayor gloria de Jairo.
Con todo perdido, fue el ex rojiblanco quien le dio al
sportinguismo la alegría del año. El gol de Jairo devolvió al Sporting
a los puestos de ascenso. Los rojiblancos lo agradecieron con una
última aproximación a la tremenda que se quedó en nada. Y así acabó el
partido de Castalia. Cuando los futbolistas saludaban a la afición
marcó Toni Moral y desató la locura en dos campos. Mendizorroza y
Castalia fueron invadidas por dos aficiones que hace dos semanas se
tiraban los trastos y ahora brindan juntas.
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