El Sporting no hizo lo que debía ni el partido tuvo el
carácter festivo que barruntaba sus aficionados. El alirón interruptus
de Castalia, no obstante, no tuvo efecto alguno sobre la mentalidad de
los hombres de Manuel Preciado. «No hay que ser muy inteligente para
pensar que la jornada ha sido hiperpositiva. Antes necesitábamos cuatro
puntos para ascender y ahora uno y en nuestra casa», reflexionó, con
los gestos habituales y el verbo abundante, Manuel Preciado al término
del entrenamiento vespertino en Mareo. «Hemos jugado un mal partido, no
soy ciego, pero tampoco como para perder», insistió el cántabro.
Sería de lo más quijotesco pensar que al Sporting se le
puede escapar el ascenso, aunque la dichosa guinda se esté haciendo
rogar demasiado. «Afortunadamente, se produjo ese milagro que ocurre en
ocasiones y que es bienvenido porque nos hace depender de nosotros»,
hizo hincapié el técnico. «Afortunadamente, las hadas han estado con
nosotros. No quiero poner la venda, pero la justicia se demuestra al
final. Y nosotros estamos convencidos de que vamos a llegar a la meta
entre los tres primeros», continuó el de El Astillero, que reconoció
estar todavía «acongojado» por lo vivido en Castelllón y que insistió,
visto lo visto este fin de semana, que «las piernas nos flojean a
todos».
El colchón del conjunto rojiblanco es cómodo. Aunque
todavía parece el lecho de un fakir. Todavía depende de sus propias
fuerzas. La escuadra del de El Astillero necesita una de estas dos
condiciones para meter la cabeza directamente en la Primera dentro
cinco días. Que el domingo gane o empate frente al Eibar en El Molinón.
O que la Real no se lleve los tres puntos ante un Córdoba enfrascado
aún en la lucha por no caer al abismo de la Segunda B. «Que subamos con
un empate es muy importante porque hace que nos valgan dos resultados
de tres posibles», explicó Preciado.
Retraso del avión
Lo de a mal tiempo buena cara se cumplió a medias en el
reencuentro ayer de la plantilla con Mareo. El chárter de la expedición
rojiblanca con destino a Gijón no salió del aeropuerto de Valencia a la
hora prevista. Lo hizo horas más tarde y no hacia el Principado, sino
con destino León. Los sportinguistas coincidieron con el desembarco de
dos vuelos de aficionados de la Ponferradina. Unos y otros salieron
casi a la vez de la terminal leonesa sin presencia de medios de
comunicación dado el cambio de escenario.
En plena madrugada hubo un desplazamiento de más de 100
kilómetros, con mucho cansancio mental, hasta las instalaciones de
Mareo a eso de las cuatro de la madrugada -«si le digo lo que vi no se
lo cree nadie. Muchas lágrimas, miradas perdidas...», recordó el
entrenador-. Aun así, Manuel Preciado se llevó a los suyos a entrenar a
las instalaciones municipales por la tarde. El cántabro preparó una
sesión de trabajo sin mayores alardes, más encaminada a la
recuperación, sobre todo en el caso de los titulares, que a la
preparación profunda del duelo ante un conjunto que llegará a Gijón con
la permanencia en un bolsillo y una generosa prima en el otro.
Todo ello no evitó que el titular del banquillo del
Sporting apareciera tan enchufado como nunca. Preciado sacó todo el
manual de gestos y gritos para corregir una y mil veces los movimientos
de los futbolistas -los que sentaron tanto en el banquillo como en la
grada de Castalia-. Antes incluso, porque a voces explicaba las cosas
ya desde los ejercicios de calentamiento y los propios ejercicios, de
mucho balón.
«Salimos en Primera»
«Hemos estado charlando un rato, expresando nuestros
sentimientos, recordando que llevamos once meses trabajando, que la
gloria está cerca y que el destino ha querido que subamos en El
Molinón», dijo el titular del banquillo rojiblanco, que tiró de la
memoria cuando se le preguntó por un caso similar en su carrera: «En mi
primer ascenso con la Gimnástica a Segunda B, nos valía también el
empate, pero ganamos 3-0. Es un buen dato que nos sirva la igualada
porque eso quiere decir que salimos en Primera».
Dicen los que están cerca que Manuel Preciado nunca ha
perdido el ánimo. Que no se ha venido abajo. Buena muestra de ello son
sus grandes discursos en la sala de prensa, las respuestas generosas,
muy cercanas a su discurso habitual, y su sinceridad. «¿Cambios? No
sería lógico hacerlos en el último partido, así que vamos a seguir la
misma pauta», adelantó el de El Astillero, que, no obstante, asumió
públicamente que «aunque no vaya a hacer cosas raras, saber
inconscientemente que el empate nos vale te hace estar un poco más
pendiente del tema defensivo». «Lo haría yo y Arrigo Sacchi en el
Milán», apuntilló.
Mientras unos y otros se agarran a las estadísticas, los
cardiólogos de Gijón se frotan las manos. El sportinguismo, que se
resignó anteayer a haber armado un ensayo general con todo el alirón,
vive al borde del infarto. Este domingo habrá que instalarse un
marcapasos. «El Eibar es un equipo profesional y, por mucho que quieran
ayudar a sus paisanos, se tomarán la semana con más tranquilidad, pero
vendrán a ganar», insistió Preciado, que, como única novedad, baraja no
concentrar a la plantilla el domingo por la mañana en Mareo, por «el
follón» del Sporting B, que tiene ese día la ocasión, como su hermano
mayor, de certificar el ascenso de categoría. En su caso, a Segunda B.