Con toda la dinamita

Fuente de noticia: www.lne.es
Fecha: 13 / 06 / 2008
Preciado alineará de inicio a Barral, Bilic y Kike Mateo, sus máximos goleadores
Ya se conoce el equipo del ascenso. Manuel Preciado no quiso darle más
emoción a una semana cargada de nervios y ayer mostró su armamento para
el decisivo encuentro del domingo ante el Éibar. El técnico no se ha
guardado nada y pondrá toda la dinamita que tiene a su disposición para
que el Sporting resuelva el compromiso lo más rápidamente posible.
Barral, Bilic y Kike Mateo, los tres máximos goleadores rojiblancos en
ausencia del sancionado Diego Castro, coincidirán sobre el césped de El
Molinón con un único objetivo: certificar el ascenso.
Esto obligará a realizar algunos ajustes en sus posiciones. Barral
ocupará la punta de lanza, su demarcación idónea. Desde allí será una
referencia para el juego ofensivo del equipo. Por detrás del gaditano
se situará Mate Bilic, quien ocupará la mediapunta y atacar la portería
armera desde la segunda línea. El croata también se encuentra cómodo en
esta demarcación que ocupó en numerosas ocasiones. El gran damnificado
será Kike Mateo. El mediapunta murciano tendrá que escorarse a la
izquierda y desde allí tratará de suministrar balones a los dos
delanteros.
El resto del equipo será el previsto, con Roberto; Sastre, Iván
Hernández, Jorge, Canella; Míchel, Matabuena; Pedro, Bilic, Kike Mateo
y David Barral. Estos son los once hombres elegidos para certificar el
ascenso rojiblanco. Con toda la pólvora sobre el césped, Preciado
tendrá en el banquillo a Hidalgo y Omar por si fuera necesario atacar
con todo.
El Sporting afronta el domingo el partido más importante de la década y
lo hará con todos los condicionantes a su favor: un Molinón lleno hasta
la bandera y entregado a la causa que llevará en volandas a su equipo y
presionará hasta la asfixia al rival y al árbitro. Para colmo, la
situación no puede ser más propicia para los rojiblancos. Un empate los
convierte automáticamente en equipo de Primera División. La plantilla
se conjura, en todo caso, para tratar de lograr una victoria que les
permita consumar el ascenso con la máxima brillantez.
La plantilla centra sus fuerzas en aislarse del ambiente de euforia que
se respira en la ciudad, sin embargo, es una misión poco menos que
imposible. Al término de cada entrenamiento son multitud de aficionados
los que esperan a los futbolistas para hacerse fotos o para que les
firmen autógrafos en los lugares más insospechados. Los futbolistas
atienden una por una a las demandas de los seguidores.
El partido del domingo tiene colapsada a la ciudad, que sólo piensa en
el ascenso. Los escaparates de los negocios están decorados en rojo y
blanco y las conversaciones gravitan siempre en torno al equipo y al
trascendental encuentro del domingo.
Tras el susto de Castellón, la plantilla se conjura para evitar más
sobresaltos y para darle a su afición una alegría que compense diez
años de sufrimiento. Una década que se ha hecho eterna para una afición
acostumbrada a degustar los mejores manjares del fútbol europeo, por
donde el Sporting se paseó con garbo en los ya lejanos años ochenta.