Es el día. Hoy toca. El Sporting tiene el ascenso en la
mano y tiene que ratificarlo en su campo, con el mejor ambiente
inimaginable para el equipo rojiblanco. Comenzará el partido y el
Sporting será de Primera. Tiene que amarrar ese punto. Es suficiente.
Aunque, ya se sabe, el Sporting de Preciado no sabe jugar a empatar.
Buscará el triunfo.
El Eibar es el invitado a la final que el Sporting juega
en El Molinón para cerrar la temporada y certificar el regreso a
Primera que la sufrida afición rojiblanca lleva esperando diez
temporadas.
El equipo gijonés depende de sí mismo. Un punto es
suficiente para asegurar el ascenso, que sólo peligra con una derrota,
si la Real gana al Córdoba esta tarde, aunque esta opción no se
contempla en el mundo rojiblanco.
El Molinón registrará un lleno absoluto. El mayor de los
últimos años. Si en los anteriores se agotó el papel, hubo algunas
ausencias de abonados que no cubrieron su asiento. En esta ocasión no
entrará un alfiler.
Preciado citó a todos sus jugadores para la
concentración de este mediodía, en el Hotel Palacio de La Llorea, donde
habrá más tranquilidad que en Mareo. En la escuela se pone en juego
otro ascenso. La alineación no tiene secretos. El técnico rojiblanco
dirigió ayer varios trabajos de estrategia, con la presencia de Iván
Hernández y Barral, para cubrir las bajas de los sancionados Gerard y
Diego Castro. El estilo de juego sufrirá una ligera variante, con Bilic
y Barral en el eje del ataque, si bien el croata adoptará una posición
ligeramente más atrasada. Es la diferencia que puede haber entre un
4-4-2 y un 4-2-3-1, que quedará marcada por la posesión del balón. El
resto serán los habituales de la últimas jornadas.
En el dibujo táctico preparado por el técnico montañés,
Kike Mateo volverá a la banda izquierda, posición en la que era
utilizado en el Eibar y en el Hércules.
El vestuario rojiblanco está mentalizado, pero no espera
un partido fácil. El capitán considera que la clave estará «en tener
tranquilidad y orden». El mallorquín tiene en cuenta el susto de
Castellón, lo que no se quiere repetir, porque no hay margen de error.
Vestuario concienciado
Para Sergio Matabuena, uno de los jugadores básicos, es
un partido especial, ya que este puede ser su primer ascenso. «El
anterior lo viví en Santander, pero estaba en el filial», comentó ayer.
Aunque la ciudad está eufórica, Matabuena subrayó que
«el vestuario está concienciado de que el partido será difícil» y
subrayó que «el equipo tiene muchas ganas de sacar este encuentro
adelante». Respecto a la final de esta tarde, el jugador santanderino
expuso que «llevamos mucho tiempo jugando finales, pero esta es la
última y el objetivo está muy cerca, que es en lo que pensamos».
Aunque al Sporting le vale el empate para certificar el
ascenso, Matabuena matizó que «tenemos que salir a ganar, como en todos
los partidos», si bien admite que «tenemos muchas opciones, porque los
demás tienen que ganar».
El jugador cántabro elogió al Eibar, del que dijo que
«será difícil y correoso, pero somos conscientes de que vendrá con
ganas». También espera «un rival incentivado, pero con el premio que
tenemos nosotros no hay comparación».
El ejemplo de Sergio Matabuena es el reflejo de un
vestuario mentalizado para certificar hoy el sexto ascenso de la
historia del Sporting.