Pitar por Pitar
Soy de los que
piensa que en el reverso de cualquier entrada para un partido de fútbol
deberían aparecer los derechos del aficionado. Derechos tales como
gritar,animar, pitar, ver el fútbol de pie y si me apuran, hasta
insultar de vez en cuando. El que paga manda y no se hable más. Pero
como en cualquier ámbito de la vida, mis derechos acaban dónde empiezan
los tuyos. Con esto quiero decir que hay una serie de acciones que no
se pueden permitir.
Llevo dos partidos
sintiendo verguenza por culpa de un gran número de sportinguistas. Para
muchos seguidores rojiblancos silbar a Pedro Santa Cecilia se ha
convertido casi en un ritual obligatorio. Me da mucha pena. Pitar al 7
del Sportig es algo tan fácil que no tiene ningún mérito. Nunca
entenderé por qué un aficionado decide cargar su ira contra un
canterano. Lo que Pedro le ha dado al Sporting no se puede pagar con
dinero. No hace falta ser Cruyff para saber que el del Llano no
va a ser el nuevo Figo, pero de ahí a matarlo cada quince dias hay un
paso. Pedro fue pieza clave en el ascenso del Sporting. Se que a muchos
les duele, pero es una verdad absoluta. En Gijón hay mucha gente nacida
a mediados de los ochenta que no soporta ver como Pedro, Jorge , Raúl
Cámara y compañía han logrado triunfar en el primer equipo. Pues ajo y
agua, que diría aquel. Hay otros aficionados que consienten todo a
jugadores de fuera pero no pasan ni media a los que salen de Mareo. Los
20 minutos que jugó Pedro ante el Betis fueron muy buenos. Igual que la
bola que le pone a Bilic en el último segundo del partido en Mestalla.
Pero eso nadie lo quiere ver. Miento, Precido si lo ve. Por eso cuenta
com el, por eso Manolo tiene a Pedro con la moral por las nubes.
Kike Mateo está viviendo en Gijón la mejor época de su vida
deportivo. Y eso, en gran parte,es por culpa de La Mareona. Cuando
un jugador sale motivado, mejora su nivel. Una buena afición se mide
por muchas cosas, no sólo por viajar miles de kilómetros para ver un
partido. Y pitar a un chaval de la casa sin ningún motivo aparente
es, sencillamente, de cobardes.
Antón Meana