Esta semana se está convirtiendo en la más complicada de mi carrera profesional. La enorme polémica entre Sporting y Valladolid por el desorbitado precio de las entradas me ha pillado en medio de las lanzas verbales que se están escupiendo desde Gijón y Pucela.
Éste es mi cuarto año de Universidad en la capital del Pisuerga, donde siempre he disfrutado de la hospitalidad vallisoletana. Incluso, el Real Valladolid ha confiado en mí para coordinar y presentar el programa semanal de la radio oficial del club, a sabiendas de mi infinito sportinguismo. En este capítulo, su director de Comunicación, Mariano Mancebo, me ha demostrado desde el primer día que la directiva del Real Valladolid sabía separar entre profesionalidad y sentimientos. Eso mismo trato de hacer yo en estos días tan difíciles.
Modestamente, por mi peculiar situación, creo que soy una de las personas que mejor puede comprender los dos posicionamientos. Lo que yo opine de esta polémica es lo de menos –aunque en el club blanquivioleta saben lo que pienso e, incluso, le comenté a un alto cargo la reacción que habría en Gijón si decidían tomar esta medida; no obstante, están en su pleno derecho y también hay que respetarlo, aunque no nos guste-.
Lo verdaderamente importante, además del partido, obviamente, es la seguridad de todos. Gijoneses y vallisoletanos. Mucho me temo que, con la excusa de la polémica mediática creada, los cuatro exaltados de los dos equipos, se creerán legitimados para montar cualquier burrada por las calles de Valladolid, con el peligro que esos enfrentamientos anormales ocasionarían para todos. Hasta ahora, el fútbol español entiende y comprende que este “detalle” del Real Valladolid haya sentado mal en Gijón. No es para menos. Además, todo el país está alucinando con la fidelidad de nuestra afición y el seguimiento masivo que genera. Por eso, no podemos permitir que pasemos de víctimas a verdugos por el comportamiento de los cuatro violentos que tienen pensado venir a Valladolid a liarla y provocar una desgracia que podríamos lamentar, Dios no lo quiera. Hemos de completar el espectacular ejemplo que estamos dando con un comportamiento totalmente correcto, para que nadie pueda luego decir ni “mu” de la Mareona, salvo para alabarnos y reconocer que somos la mejor y más fiel afición de España. Por los impresentables que se cuentan con los dedos de una mano y que sólo hacen dejar en mal lugar el buen nombre del Sporting, no podemos quedar con esa imagen los otros 9.996 sportinguistas que podríamos estar acompañando al equipo. No seamos nosotros los que la liemos, por favor. Es un momento histórico para dejar bien clara la educación pacífica y señorial de la Asturias rojiblanca.
Juan Ahuja
Pte. Peña Sportinguista Los Gemelos y periodista de Radio Pucela
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