Me ha hecho mucha gracia todo lo leído la pasada semana en el foro. Siempre he dicho que soy de los que me paso por el foro de vez en cuando, ya que me da la vida en esas tardes aburridas que pasamos en la redacción. Y no me avergüenza decirlo. Lo que sí que me sonroja es mi profesión, o lo que queda de ella, a raíz del tema Michu. Posiblemente debería de ser un poco más comedido, por aquello de intentar buscar, no la imparcialidad –que no existe al ser la cosa más subjetiva que hay-, sino la sinceridad. Pero hay términos que carecen de significado en lo mal llamado periodismo deportivo.
En Madrid entiendo que la gente desvaríe porque hay que intentar quedar muy bien con los Florentino, Gil Marín o, incluso, Ángel Torres. Lo del presidente del Getafe es algo inaudito, hacer la pelota a semejante ignorante es algo que nunca entenderé. Lo mismo pasa en Barcelona, donde hay que ser más Laportista que Joan y más Guardiolista que Pep. Sin embargo, nunca hay término medio: o estás con ellos, que vende, o contra ellos, que también. Es lo que yo llamo el sector maradoniano del periodismo deportivo nacional. Ya sabéis: “O blanco o negro… (Levanto el dedo índice y amenazo) pero nunca gris.”
La semana pasada me llegaron muchos comentarios de lo que tanto en Gijón como en Oviedo se estaba diciendo sobre Michu. No por esperado deja de ser sorprendente, pero hay que saber diferenciar el periodismo del forofismo, que es lo que ha ido matando a esta profesión desde hace unos años. Entiendo, y hasta comparto, que a través de los periódicos, radios y televisiones se utilice el “sentimiento” como arma de motivación para las audiencias, pero nunca cayendo en la sinrazón y en la mentira.
No quiero sentar un precedente, pero estoy de acuerdo con Vega Arango: “desde el principio no me hacía gracia el asunto de Michu”. ¿Por qué? Pues porque sabía la que se iba a montar: unos a favor, otros en contra, polémica desde Oviedo y pintadas en Mareo. Siendo el símbolo oviedista en el que desde hace un tiempo se ha convertido el chaval, lo veía normal. Sin embargo, el interés acabó derivando en una guerra absurda entre Oviedo y Gijón. ¿Rivalidad? Sí, pero desmedidamente mediática.
Otra de las “leyendas urbanas” que me rodean en Madrid se llama Gaspar. Es un buen amigo, oviedista y gran polemista. Tanto, que no me importaría contratarlo un día para cualquier debate. Sí que me llamó la atención cómo en una discusión con Davi, sportinguista acérrimo, no paraba de repetir: “Michu es un símbolo”. Precisamente era la misma frase que me había llegado desde Oviedo durante toda la semana, a modo de alegato en defensa de su no llegada al Sporting.
Primera pregunta: ¿Quién es Michu? Un buen intermediario de futbolistas que me lo describió como “un buen jugador que tiene posibilidades de jugar en Primera”. Segunda pregunta: ¿Por qué el Sporting deja marchar a Míchel para traer a un jugador apenas conocido en El Molinón? La respuesta del entorno institucional fue “porque es un jugador de futuro”. Tercera pregunta: “¿Por qué el jugador deja escapar un tren como el Sporting?” Un amigo que tengo en común con el celtiña achaca su negativa a que “no lo tenía claro al 100% y por eso se echó atrás.” Cuarta pregunta: en Oviedo se alegran, normal por otra parte, porque la negativa de Michu se debe a su acérrimo oviedismo, ¿entonces por qué no rechazó la oferta a la primera y hasta el mismo sábado volvió a pedir 48 horas más para re-negociar una cláusula del contrato?
No voy a entrar en el estúpido de debate de quién dijo que no, si Michu o el Sporting. Aquí todos han actuado mal. Por un lado el club, que hizo caso a los técnicos y se metió en un lío innecesario intentando pagar una millonada por un jugador al que nunca pondré en duda que algún día pueda valer lo que por él se ofreció, pero que todavía tiene mucho que demostrar. El Sporting no sólo ha dejado constancia de su error, sino que además lo oficializó a través de su página web. Lo que más me asusta de esto es que el Sporting ha salido tocado y ha dejado entrever una carencia importante: Emilio de Dios necesita un apoyo en la Dirección Deportiva, porque la labor de scouting, a pesar del fichaje de Lozano, es más que endeble para un club del potencial del Sporting. Míchel se fue hace dos semanas y media y ni hay recambio, ni parece que lo habrá. Es más, ahora se quiere vender que la cantera es la solución: a engañar a otros, qué pensarán los chavales del filial…
Y por otro lado el jugador. Michu ha demostrado no ser digno de la historia del oviedismo tradicional. Y digo tradicional, que no moderno. Aquí es donde hago la autocrítica a nuestra profesión. Muchos, de uno y otro lado, han demostrado ser más forofos que periodistas. Es algo que mi oficio ha de corregir, porque si no corremos el peligro de olvidar la historia a medio plazo de los clubes asturianos. Guste o no, el Real Oviedo siempre ha tenido una gran afición que no creo que esté orgullosa de que un autoproclamado ídolo oviedista, primero, realizara las declaraciones que hizo a un panfleto ultra de quinceañeros fascistas, y segundo negociara durante 10 días una incorporación al Sporting que, si no hubiera sido por el fantástico trabajo de Chisco Garcíaen La Voz de Asturias por descubrir el pastel, se hubiera firmado en dos días. Menos forofadas y más memoria.
A modo de resumen, creo que el más perjudicado ha salido de toda esta historia ha sido el Sporting, que ha demostrado carecer de alternativas a la hora de encontrar un recambio para Míchel. Lo peor de todo es que en noviembre me confirmaron que el Birmingham volvería a la carga por el lenense. ¿Eso no se sabía en el club? En cuanto al oviedismo… Sé que los auténticos oviedistas, a pesar de la insistencia desde algunos medios, no ven en Michu un símbolo de sus colores porque su comportamiento infantil y su negociación con el Sporting no le hacen merecedor de tal título. Y en cuanto al jugador, no me queda otra que desearle suerte porque su imagen, según me cuenta mucha gente de Primera División, no ha salido bien parada tras su esperpento con el Sporting, situación muy digna de cualquier novela del gran Ramón María (Valle-Inclán).
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