A muchos
les sonará porque lo han vivido en primera línea. A otros porque habrán
oido hablar de la Mareona. Lo cierto es que la afición del Sporting deja
su huella allá por donde pasa. Y el Santiago Bernabéu no ha sido una
excepción. A pesar del abultado marcador de la pasada temporada (7-1),
la afición rojiblanca se hizo notar en las gradas del estadio del Real
Madrid. Aunque su equipo ganó el partido de manera incontestable, los
seguidores madridistas terminaron desbordados por la fuerza de una
oleada incontenible. Los gijoneses tenían muchas ganas de reencontrarse
con uno de los grandes estadios del fútbol mundial. Despues de una
decada purgando penas en el infierno de la Segunda División no parecía
complicado convertir al coliseo del madridismo en El Molinón de Concha
Espina. Y se consiguió. El resultado fue lo de menos. Lo importante era
disfrutar del sabor añejo de uno de los enfrentamientos más atractivos
del fútbol español. Porque Gijón ama el fútbol.
Este año no será
una excepción a pesar de las dificultades que el Real Madrid ha puesto a
los aficionados del Sporting. El club madridista no ha atendido la
demanda de las peñas sportinguistas y no ha remitido las localidades
solicitadas. El Madrid ofreció 1.006 entradas y el Sporting demandaba
4.000. Es una clara descompensación entre la ley de la oferta y la
demanda. El club rojiblanco, lógicamente, desestimó la propuesta. Varias
peñas han cancelado sus viajes y otras se desplazarán a Madrid para no
perder el dinero que habían adelantado en la reserva de hoteles y
autocares. Y otros han manifestado abiertamente su malestar con quejas a
través de Internet, del teléfono o de allegados en la capital de
España. Resulta lamentable que el Real Madrid limite la venta de
entradas a un equipo humilde. ¿Les molesta que haya aficionados
visitantes en las gradas? ¿Temen que no se oiga a sus aficionados?
¿Tienen miedo a que se produzcan incidentes? Para que se consume este
último supuesto no se puede plantear mejor solución que la propuesta.
Con la imposición de estas limitaciones, los aficionados rojiblancos se
podrían mezclar con los socios madridistas con el riesgo que esa medida
conlleva. Los aficionados del Sporting se dispersarían por las gradas
del estadio y se podrían producir problemas de seguridad. En ese caso,
las alarmas estarían justificadas. No antes.

En
cualquier caso, la Mareona salpicará con fuerza a la capital de España.
Lo anunció ayer Manuel Preciado en un programa de radio nacional. "Creo
que se han fletado entre 70 y 80 autobuses. Una barbaridad", afirmó el
entrenador del Sporting. Si aciertan sus cálculos, habrá entre 4.000 y
5.000 seguidores por las calles de Madrid este fin de semana. No es
extraño. Ya se desplazaron 2.000 al partido de la pasada temporada que
se jugó un miércoles, de modo que es de suponer que la cifra se podría
duplicar o triplicar este año que el partido se juega el sábado por la
tarde y entre medias del puente del Día del Padre. Poco importa la
distancia que separa Asturias y Madrid. A los aficionados no les
importan las horas de autocar con tal de ver a su equipo del alma
luchando contra uno de los grandes del panorama internacional. En eso
consiste el sportinguismo, que nunca deja caminar solo a su equipo del
alma. Sus desplazamientos masivos ya son una costumbre que envidian el
resto de clubes del fútbol español. Vitoria, Eibar, San Sebastián,
Salamanca, Zaragoza o La Coruña son algunos de los puntos que los
sportinguistas han invadido de manera pacífica pero con la pasión propia
de los grandes aficionados a este deporte.
Este sábado se
volverán a oir los ánimos que la afición del Sporting dirigirá desde
cualquier punto del Santiago Bernabéu. Sea cual sea el resultado
resonarán los cánticos en las gradas del estadio madridista. Pocas
aficiones harán tanto ruido en el feudo merengue. Y no muchas tendrán la
imaginación suficiente para proclamar a los cuatro vientos que "cuando
voy por la calle y me preguntan, que si soy del Barcelona o del Madrid,
yo levanto la cabeza orgulloso y les digo del Sporting a morir". En
Gijón somos así de "grandones". No tenemos reparos en ponernos a la
altura de los dos gigantes de la Liga Española. Pero no será éste el
único grito de guerra. Se coreará uno que se hizo célebre el año del
ascenso y que gustosamente se tuvo que readaptar por la consecución de
la permanencia en Primera División. Un cántico que ya es un himno para
la tribu sportinguista "porque este año, seguimos en Primera, y pobre
del que quiera, robarnos la ilusión...". Y para celebrarlo, ¡que corra
la sidra!