El Sporting de Gijón necesitó remontar por dos veces y que sus goles fueran logrados por dos defensas para arrancar un empate ante el Málaga,
un resultado que sirve para que los rojiblancos rompan su racha de tres
derrotas consecutivas y los andaluces prolonguen la suya a siete
jornadas sin perder.
El equipo asturiano afrontaba el primer encuentro del
2010 con tres bajas sensibles, Luis Morán y Bilic por lesión y Rivera
por sanción y además el entrenador Manolo Preciado decidió hacer un
cambio más, ya que dejó en el banquillo a Míchel, con lo que los
rojiblancos se medían al Málaga sin su habitual pareja de mediocentros
Rivera y Míchel.
La ausencia de Míchel probablemente tiene mucho que ver
con la oferta de tres millones de libras realizada por el Birmingham
City, club que ya intentó ficharle este pasado verano pero el Sporting
rechazó la fórmula de pago propuesta por el club inglés, y que el
consejo de administración estudiará en los primeros días de la próxima
semana.
Preciado medio obligado por las circunstancias decidió
cambiar cerebro por músculo y al juego de toque y visión de Míchel y
especialmente de Rivera por la presencia física de Matabuena y Diego
Camacho y el juego de creación de los rojiblancos se resintió
notablemente pues la falta de ideas quedó patente por la dificultad con
la que el balón llegaba a las inmediaciones de Munúa.
El Sporting dominó por fuerza y potencia pero la defensa
malagueña muy bien plantada no tenía dificultades para evitar cualquier
ocasión de peligro hasta que en una internada por la banda derecha de
Mtilinga se plantó en el área sportinguista y centró pasado para que
Duda, libre de marcaje, rematara con potencia, el balón se estrellara
en Botía y volviera a caer de nuevo a pies de Duda que esta vez no
falló en su segundo remate.
El gol no gustó a la afición local puesto que la jugada
fue un calco de muchos de los fallos defensivos vistos la pasada
temporada a lo que se unía la falta de ideas en el juego ofensivo local
que no obstante mantenía el dominio territorial cedido por un Málaga
que renunció a otro tipo de juego que no fuesen los balones en largo
tratando de sorprender a los centrales.
Munúa sólo pasaba por algunos apuros en las jugadas a
balón parado en las que Gregory y Diego Camacho llegaban a rematar pero
sin excesivo peligro y el partido derivó en muchas faltas en intentos
de los andaluces de que no hubiese la menor continuidad, lo que enfadó
a los espectadores.
El técnico local se vio obligado a realizar el cambio de
Lora por Sastre ya que el primero tuvo que retirarse debido a una
gastroenteritis lo que dejaba la banda derecha en manos de un Sastre
que apenas dispuso de minutos esta temporada pero que salió con la
voluntad y entrega que le caracteriza.
En el tiempo añadido de la primera mitad y en el que era
séptimo córner a favor del Sporting , Gregory logró un espléndido
cabezazo que establecía el empate en el marcador y la justicia en el
resultado porque el Málaga aparte de la jugada del gol apenas inquietó
a Juan Pablo.
La segunda parte estuvo plena de emoción porque el buen
juego seguía viéndose a cuentagotas y como en la primera parte eran los
locales los que trataban con más ahínco de llevase los tres puntos pero
Barral lleva una temporada negado de cara a puerta y sus varios
intentos salieron todos lejos de la portería andaluza.
El Málaga se alió con la suerte y con un fallo de Juan
Pablo que se "tragó" un balón claro para él y del que se aprovechó
Weligton para volver a adelantar a su equipo lo que provocó de nuevo
muchas faltas e interrupciones ya que el equipo de Muñiz decidió tratar
de aguantar el resultado por todos los medios posibles.
El Sporting espoleado por su afición no se vino abajo y
con la presencia de Míchel y Carmelo sobre el césped dispuso de mucha
más capacidad de creación pero los minutos transcurrían sin variación
hasta que el balón tras varios rechaces llegó a Canella que desde el
borde del área lanzó un potente disparo que sorprendió a Munúa que
compensó el anterior error de Juan Pablo y el marcador se volvió a
igualar.
Los últimos minutos fueron más de temor a no perder que
de ganas de ganar en especial por parte del Málaga que renunció
descaradamente al ataque mientras que los locales buscaron en el último
instante una jugada sorpresa que no llegó por mucho que el central
Gregory hiciera incursiones ofensivas incluso en jugadas que no eran de
estrategia.